España, qué bonita eres!

El verano fue uno de esos para no olvidar. Tiempo lleno de sol, sonrisas, siestas y leyendas, entreveradas de campos segados y familia.

Agosto tuvo ese aire que se mastica, y esa quietud de fuego en un eterno mediodía. Qué bonitas son las fiestas de Abárzuza, con su churrero y su tirapichón, el de siempre. Cómo disfruto con el pueblo arrejuntao en el baile del sábado cuando son fiestas!

El gorrín y las pochas en Estella están como siempre han estado, deliciosas y sencillas. El tunel de Lizarraga sigue ahí, alto y quieto, mirando a La Barranca de reojo, mientras las ovejas pacen a la sombra de algun espino desparramado en los huecos de la revuelta de Arbel. No hay más geografía que la infancia, el resto son avios, postales y polaroids. Uno de esos días en los que pastamos sol, al caer la tarde fuimos a Allo. Ver las vacas, tras tantos años de civilización limpia y alérgica, me recuerda la violencia de la vida, su verdad última. Freud se quejaba de que a algunos la civilizacion nos desasoiega, ciertamente nos lo hace a los españoles, por eso retornamos a verdades últimas y milésimas con encierros, toros y vacas. Vivimos en la superfluo, un cuerno en viento veloz nos desencuaderna la monotonía de lo cotidiano. Heridos de verano en casa, marchamos camino del mediterráneo, ese mar civilizado y algo cansado. Dando vueltas topamos con Cuenca. En mi memoria, esta ciudad siempre fue una foto con casas colgando sobre un riachuelo en el libro de Geografia de quinto de EGB. A cuenca se llega por una carratera que serpentea entre pinares hasta la cima donde está la ciudad vieja, con una catedral medida y maravillosa. Como siempre en España, descubrimos un restaurante estupendo, con un chef que será grande con el tiempo. Porqué nos ocupamos tanto de la comida en España? Tenemos miedo a morir y comemos como una permanencia en el ser, como una rebeldía ante la muerte?

Tras este alto en el camino descendemos por Utiel, Requena y Chiva para llegar a Valencia en un pispas de autovía. Calatrava me persigue, me han hablado medio medio de él en Bilbao y en Buenos Aires, pero ahi está … su lo que sea a le entrada de la ciudad. La belleza como ingeniería eficiente no me convence. La estética moderna mezcla el feísmo y la eficacia, que son dos pecados mortales juntos cuando se habla de lo bello. Los gallegos de los 80 nos mintieron, la arruga es fea. La belleza es una búsqueda artificial, un devenir hacia la perfección. Valencia es una ciudad pequeña y coqueta, mezcla de moros y cristianos, centro comercial del mediterraneo hasta que se descubrió América. Su parte vieja es una maravilla mezclada y escondida. Como en España todo el mundo se va al pueblo en Agosto, es el mejor mes para visitar cualquier ciudad. Las mañanas han sido maravillosas, desayunos con buñuelos y paseos por lo viejo con sus mercados, sus iglesias y toda la historia de la humanidad en unos pocos metros. La Iglesia de San Nicolás de Bari y de San Pedro Mártir es una maravilla, la sixtina del levante. La historia de San Nicolás me recuerda porqué todavia pongo mis zapatos lustrados de domingo a los reyes magos. San Nicolas, obispo de Mira ( en lo que hoy es Turquía, territorio ocupado por el islam), ayudó a las tres princesas poniendo monedas de oro en sus zapatos. Por las tardes paseos tranquilos y una cena exquisita y delicada en La salita, visítala! En una escapada fuimos a El palmar, ese pueblo entre la albufera y el mar, donde mientras comes una paella puedes mirar el mediaterráneo y ver los arrozales de “Cañas y barro”. Antes de irme, descubrí en el barrio de Ruzafa esas librerias de viejo, que son 15 en total, donde es un placer entrar y descubrir libros viejos, libros antiguos, libros decaidos, libros con polvo, libros… Una maravilla!

Y así se acaba lo bueno, de golpe. Puerta de Embarque 15, tras ella todo es memoria perdida y recobrada.

Hasta pronto