Elecciones de noviembre

  1. Situación económica en USA

Crecimiento: El PIB  creció 1,5 % anualizado en el segundo trimestre de 2026 (tras 2,1 % en el primero), se ralentizo algo. La Fed proyecta un crecimiento de 2,3 % para todo 2026 y 2,4 % para 2027.  El consumo de los hogares y la inversión empresarial (especialmente en inteligencia artificial e infraestructura tecnológica) están sosteniendo la actividad, pero el déficit comercial actúa como freno.

Mercado laboral:  Tasa de desempleo: 4,1 % (agosto 2026), estable y cerca del pleno empleo, pero en Septiembre ha subido al 4.2%. Creación de empleo en agosto: +162.000 puestos (más fuerte de lo esperado), pero en Septiembre fueron 29,000 menos de los 90,000 esperados.  El mercado laboral se ha estabilizado tras un enfriamiento previo; no muestra signos claros de deterioro.

Uno de los aspectos más dolorosos socialmente de las políticas laborales de las últimas décadas ( tanto republicanos como demócratas) ha sido la sustitución de mano de obra americana por trabajadores baratos importados de India y China principalmente. Esto ha empujado a mucha clase media a la pobreza. Todo ello bajo la capa de “emigración legal”. Uno de los procesos más abyectos son las H1B visas. Estas visas de trabajo dan un permiso de trabajo temporal para extranjeros en ocupaciones especializadas que requieren un título universitario y requiere el patrocinio de un empleador estadounidense. En teoría está sujeta a un límite anual de 85,000 cupos, pero se han concedido cientos de miles durante décadas. Lo que han hecho las empresas es despedir a miles de trabajadores americanos y contratar a indios y chinos principalmente a precios mas bajos.  Los indios siempre contratan a sus semejantes, como los chinos. Además, los indios con su sistema de castas y servidumbre suelen pagar el 20% de su sueldo al jefe que los ha contratado. Ahora mismo hay un gran enfado contra este tipo de comportamiento porque hay muchos estudiantes americanos recién licenciados y brillantes que no pueden encontrar trabajo. Esos puestos son dados de manera corrupta a indios y chinos en sus círculos étnicos. En India el nivel de corrupción es muy grande y muchas de sus universidades simplemente venden los títulos. Este enfado se vende en la prensa y en los círculos demócratas como racismo. Desde el punto de vista politico para los democratas estos, junto con los muertos que siguen en el censo y los inmigrantes ilegales que tambien los han apuntado son nidos de voto demócrata. Muchos de estos H1B luego acceden a  la “greencard” y se naturalizan. De esta manera y con un politica de acogida de inmigrantes sin control tenemos ejemplos abyectos como Ilhan Omar, Vivek Ramaswamy, Abdul El-Sayed, Rashida Tlaib o Ro Khanna.

 Inflación: IPC interanual está en el 3,4 % (septiembre). La inflación se mantiene “pegajosa” (sticky), impulsada en parte por energía y algunos servicios. No ha convergido claramente hacia la meta de la Reserva Federal del 2%. La percepción en la calle, es que las cosas están caras, con Biden subieron mucho pero ahora no han bajado, y le gasolina ha subido con la guerra de Irán, y esto repercute en todo lo que ve en el supermercado.

Política monetaria: La reserva Federal subió la tasa de fondos federales 0,25 puntos en su reunión de septiembre, dejándola en el rango 3,75 %-4,00 %. El mensaje es de una política restrictiva, con riesgos de inflación al alza y un mercado laboral relativamente equilibrado.

Resumen económico: La economía estadounidense muestra resiliencia moderada, en español claro  “ni fu ni fa”. Hay crecimiento positivo pero no es exuberante, empleo sólido y una inflación por encima de lo esperado que se resume en “está todo muy caro”. No hay recesión a la vista según la mayoría de pronósticos (probabilidad de recesión en 12 meses alrededor del 25 %), pero tampoco un aterrizaje suave completo. La inversión en IA es uno de los principales motores.

La economía es uno de los mensajes fuertes de Trump, y ahora tiene un perfil más bien bajo. Pero hay otras cosas que no se leen en estos números como la proporción de extranjeros (muchísimos ilegales o con H1B visas) ha caído. Esto significa oportunidades para población natal americana.  Más de 3 millones de personas han salido del país entre 2025 y 2026. De ellos unos 600,000 han sido deportados o expulsados oficialmente por autoridades federales, como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza. Además, se estima que aproximadamente 2,4 millones de personas se han marchado voluntariamente, con el apoyo de programas de incentivos o cambios en las políticas fronterizas.

  • Situación política interna

El contexto general se resume en que Donald Trump está en su segundo mandato (iniciado en enero 2025), los republicanos controlan tanto la Cámara de Representantes como el Senado con una mayoría muy estrecha. A pesar de esa supuesta mayoría republicana no se ha legislado apenas en estos dos años. La clase política (tanto republicana como demócrata) está controlada por grupos de intereses y no responden a sus votantes. Para dar una muestra de ello, no han podido votar y sacar adelante el “Save America Act”. Esta ley pretende pedir a los votantes:   

  • Prueba de ciudadanía: Exigir documentos oficiales (como pasaporte o acta de nacimiento) para registrarse como votante en elecciones federales.
  • Identificación con fotografía: Obligar a presentar una identificación oficial con foto al momento de emitir el sufragio.
  • Restringe el voto por correo: Lo permite en casos específicos (como enfermedad, discapacidad, servicio militar o viajes).
  • Depuración de padrones y verificación: Compartir las listas de votantes con bases de datos federales como la del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y el sistema SAVE para identificar a posibles votantes no ciudadanos. Esto intenta evitar que tantos muertos voten en las elecciones (hecho clamoroso en 2020 que también se repitió en 2024)

Estas reglas básicas para tener unas elecciones limpias… no se han podido aprobar. Lo curioso es que las encuestas dan un apoyo a esta ley en votantes de ambos partidos. 

Una encuesta en Julio describía que la gran mayoría de votantes —el 82 %— coincide con la premisa de que solo los ciudadanos estadounidenses deberían poder votar en las elecciones para presidente, senadores y miembros del Congreso. Mas del 75% de los encuestados están de acuerdo en que «se debería exigir una prueba de ciudadanía estadounidense para registrarse y votar en las elecciones de Estados Unidos». El apoyo a estas medidas incluye todo el espectro político: el 94 % de los republicanos está de acuerdo, al igual que el 73 % de los independientes y el 68 % de los demócratas.

Asimismo, el 66 % rechaza el argumento de que exigir una identificación de votante impediría que algunos estadounidenses votaran por resultar demasiado difícil obtenerla.

Los demócratas parten con ventaja en la “papeleta genérica” (generic ballot), con una ventaja de unos 8 puntos según promedios recientes. El índice de aprobación de Trump está en torno al 38 %, lo que históricamente es un lastre importante para el partido del presidente en las “midterms”. La clave está en la proporción de independientes que voten al partido republicano, en realidad y con TDS (Trump Derangement Syndrome) de los demócratas cada elección es un plebiscito sobre Trump.  

Los demócratas tienen buenas posibilidades de recuperar la Cámara de Representantes. El Senado es más complicado: necesitarían ganar al menos 4 escaños republicanos mientras defienden sus propios escaños vulnerables (Georgia, Michigan, New Hampshire). Si los demócratas recuperan el congreso ya han dicho que harán un impeachment de Trump de nuevo. El partido demócrata ha sido tomado, desde Obama, por comunistas islamistas y radicales incompetentes en general.  

Los casos de corrupción de los somalíes en Minnesota son tremendos, sin embargo se retratan como ataques racistas. Los demócratas quieren que las leyes se apliquen solo a sus adversarios, ellos están exentos de estas pequeñas normas. Un ejemplo tremebundo es la congresista Ilham Omar, ligada a casos de corrupción en su proceso de naturalización y en dinero negro proveniente de corrupción en el manejo y asignación de dinero público. La gente, de ambos partidos, quiere que el que la haga la pague. Los demócratas llevan muchos anos de barra libre, y la administración de Biden (Obama 2.0) ataco de manera furibunda a sus enemigos políticos de manera ilegal, Trump el primero. Y todos esos documentos han salido ahora, junto con a la corrupción electoral de 2020. California es otro ejemplo enorme de corrupción a la vista de todo el mundo, desde los presupuestos para los “sin techo” que aumentan cada ano y son dados a ONGs amigas sin ningún control, hasta los incendios de LA mientras la alcaldesa comunista estaba en Africa y como están impidiendo la reconstrucción para expropiar y recalificar esos terrenos, o el robo de la primera vuelta de las elecciones al candidato republicano.

El último caso de lo que va a ocurrir si gana los demócratas lo ha protagonizado la senadora de Michigan Elissa Slotkin, que ha dicho que hay que perseguir a todos los jóvenes que se incorporen o colaboren con la administración de Trump, en el más puro estilo comunista o nazi. Slotkin es parte del Deep State, es un “asset” de la CIA.

  • Política Exterior

Este es el punto débil de Trump ahora mismo, la gente vota  su cartera principalmente pero la guerra con Irán se percibe como justa pero mal gestionada y afecta al bolsillo porque el petróleo esta caro y eso hace que el coche y el; supermercado estén caros. Este es el resume inmediato de cara al votante. A continuación, describiré en más detalle otros aspectos.

  • Filosofía general : Se resume en “America First”, con un “realismo flexible”, la priorización del hemisferio occidental (una doctrina Monroe del siglo XXI), el uso de aranceles y la fuerza de manera selectiva y transaccional. La reducción de la ayuda exterior a través de USAID ha tenido un aspecto doble, ha cortado el flujo de dinero a países corruptos, pero sobre todo ha secado la financiación de la izquierda radical americana y global. SI so fijais desde que USAID desapareció no ha ganado ningún comunista en elecciones sudamericanas. A ello se suma una presión a supuestos aliados occidentales para que asuman más carga.
  • Hemisferio Occidental (prioridad principal)

Designación de carteles mejicanos como organizaciones terroristas extranjeras.  Operaciones militares contra el narcotráfico en el Caribe y Pacífico (ataques a narcolanchas desde septiembre de 2025, incremento de actividad naval importante, Operation Southern Spear) debidamente televisados.

Operación Absolute Resolve (enero 2026): raid de fuerzas especiales (Delta Force y apoyo aéreo) en Caracas que capturó a Nicolás Maduro y a su esposa. EE.UU. anunció que dirigiría temporalmente Venezuela y Maduro enfrenta cargos en Nueva York. Se vinculó a control de recursos (petróleo) y expulsión de china.

Presión sobre Panamá y expulsión de China en el control de Canal De Panama (salida de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, influencia en el Canal). Acuerdo a largo plazo con Dinamarca y Groenlandia para el control de la salida de los submarinos rusos de su bases del Ártico y explotación de  sus recurso minerales. A ello se une  el sellado de la frontera sur con Méjico  para la seguridad  fronteriza/migración.

  • China

China es el principal competidor estratégico. Hubo una guerra comercial con aranceles elevados (llegaron a niveles muy altos en 2025), restricciones tecnológicas (semiconductores) y tensiones por minerales raros. Posteriormente se observaron negociaciones, reducciones parciales de aranceles y elementos de détente (incluyendo visitas de alto nivel en 2026). Se mantiene la política de status quo en Taiwán, aunque con ajustes en ventas de armas y ejercicios. El enfoque es de competencia económica y tecnológica más que confrontación ideológica abierta.

  • Rusia y Ucrania

Trump dio prioridad a un cese de hostilidades rápido (promesa de campaña no cumplida). Estableció diálogo directo con Putin, condicionó o redujo ayuda a Ucrania, se opuso a la adhesión de Ucrania a la OTAN y presentó planes de paz criticados por favorecer a Moscú o exigir concesiones mayores de Kiev. En 2026 ha suavizado sanciones/aranceles sobre Rusia (ej. diésel) y ha criticado a Zelensky. Europa expresa preocupación por posibles acuerdos bilaterales que la dejen al margen. El conflicto continúa. Sin embargo en estos últimos días algo se está moviendo porque Rusia ha liberado a un rehén estadounidense como un gesto de buena voluntad. Analistas de política exterior lo interpretan como que está habiendo negociaciones serias entre las tres partes por primera vez.  Veremos que pasa…

  • Medio Oriente

Gaza: Es imposible trabajar con bárbaros, y Trump ha fracasado como lo han hecho todos, incluido Clinton que no tiene nada bueno que decir de los palestinos (consulta videos en youtube)

Irán: En junio de 2025 hubo ataques limitados a instalaciones nucleares. En febrero de 2026 se lanzó una campaña militar a mayor escala junto a Israel (objetivos: debilitar capacidades nucleares/misiles y, según declaraciones, facilitar cambio de régimen; se reportó la muerte de Khamenei). El conflicto se prolongó, afectó rutas como el Estrecho de Ormuz y generó campañas de sanciones económicas intensas (Operation Economic Outcast). Sigue activo o en fase de negociaciones tensas a finales de 2026. A pesar de que el estrecho de Ormuz es permeable al transporte  marítimo, este está muy reducido ( 3% de lo normal). El tránsito de petróleo por rutas alternativas sigue su curso. Siguen negociaciones con los bárbaros de IGRC. Mientras tanto. Irán ha movilizado a todos sus sicarios ( Houtis, Hamas, Etc)

  • Europa, OTAN y otros

Presión exitosa para que aliados de la OTAN se comprometan a elevar el gasto en defensa hacia el 5 % del PIB. Críticas frecuentes a Europa (migración, “cancelación cultural”, gasto). Recortes masivos a USAID y reevaluación de la ayuda exterior (se prioriza lo que sirve al interés estadounidense). Retirada de la OMS y enfoque transaccional en comercio y alianzas.

En resumen, será mejor para Usa (y el mundo) si los republicanos conservan al menos el senado. Los demócratas son ya comunistas/dictadores sin careta que, como en Europa, van de la mano de bárbaros musulmanes y cualquier otro extranjero o incompetente local  que quiera derruir la civilización Occidental. En estados Unidos, como en España, al sentido común y una decencia mínima se le llama extrema derecha. Así estamos.   

Me voy al Comité

Hoy es uno de esos días estúpidos en esta sociedad que no sabe distinguir arriba de abajo, cerca de lejos o la verdad de la mentira. Deberíamos volver a ver Barrio Sésamo, enseñaban muy bien las cosas básicas. Hoy ha sido el “Global Day of Good” en mi compañía. Siguiendo a Baroja seré breve y usaré frases cortas. Las empresas no son herramientas de acción social sino entidades de acción económica. Agregan recursos y talento para producir servicios o cosas que la sociedad necesita. Esta actividad económica se realiza dentro de los límites de la ley, que viene de un marco moral basado en los principios morales de esa sociedad, en occidente una sociedad cristiana. Cuando son exitosas incrementan tanto el bienestar de la sociedad como el de sus inversores. Las empresas no son sujetos morales. La bondad o maldad son hechos personales fruto de la decisión moral en libertad del individuo. La idiotez nos ha llevado a no creer en nada mientras otorgamos capacidad de decisión moral a las empresas a través de mujeres tan empáticas como incómodas de ver en el departamento de acción social y responsabilidad corporativa. Ni qué decir que las fotos se cuelgan en Linkedin a los cinco minutos. Me he quedado trabajando en casa tranquilamente, ha sido un día muy fructífero sin el ruido de las innumerables reuniones. ¡Estaban haciendo el bien… me han dejado tranquilo, gracias!    

Pero hoy quería hablar de la misa dominical. Llegué unos minutos antes y por azar miré con detenimiento unos segundos el edificio. Es una de esas iglesias construidas tras el Vaticano II en los años 60. Parece que en ese concilio llamaron a un arquitecto “moderno”  y produjo un plano que se ha exportado a los cinco continentes durante décadas. Este templo es una cosa lánguida ligeramente elevada, con unas vidrieras estrechas con miedo a la luz, y esa asepsia del modernismo utilitarista. Scruton dice que hay unos valores fundamentales de belleza a los que el ser humano tiende naturalmente y que el juicio estético está cercano al juicio moral. Hay unos principios básicos de armonía constantes a través de las distintas eras y formas de la humanidad. Uno puede ver esa armonía de composición en Aachen, Amiens, Burgos, Abárzuza o Gaudí por poner un ejemplo cercano en el tiempo. Aquí no hay grandeza ni belleza por fuera ni por dentro. El interior da la imagen de una nave a medio pintar con un altar vacío, que parece querer negar la presencia de Dios, cuestión crítica del catolicismo. Quiero belleza y exquisitez que me ayude a encontrar lo mejor de mí y alejar ese demonio de Ed Helms en “La resaca” que a todos nos habita.
La misa fue mixta, una confusión continua de inglés y español. Tuvimos secuencias alternantes de gorgoritos menopáusicos al dente y guitarricas conmovedoras del Festival de Viña del Mar. La homilía fue una cosa global con ese comunismo que ya intentaron con la teología de la liberación y parece que no les fué bien. Pero lo siguen intentando, fue una nada embadurnada de palabras que están haciendo de la Iglesia una ONG bien pagada. Hablaron de la inmigración, pero se olvidaron de El Salvador. Hemos cambiado a Juan Pablo II por el de la Pachamama. Bienvenido sea San Manuel Bueno, mártir.     

Miro entre el público, los repipis lo llaman la feligresía, y veo una chica joven con su familia que ha venido con pantuflas. Lipovetsky diría que es una “moda abierta” donde domina la comodidad y la personalización. Ya tenemos argumentos hasta para no vestirnos de domingo.

Pero bien mirado, ir a una misa de la Pachamama en una nave a medio pintar quizá solo merezca pantuflas y jerséis de lana gorda. ¡Me voy a hacer el bien con el comité de acción social !

Referencias

The aesthetics of architecture by Roger Scruton 1979

El imperio de lo efímero by Gilles Lipovetsky 1987

San Manuel bueno, mártir by Miguel de Unamuno 1933

Hope

Darwin summed up the world as a story of monkeys on their way to a waxing appointment. More recently, however, Kierkegaard speaks of knowledge as recollection—as time past—and of repetition as a gaze toward the future: making what has already been come to pass again in a present that is never quite the same.

Speaking of monkeys, we might recall Koko, a gorilla from the San Francisco Zoo who died of natural causes in 2018 and was even granted an obituary in the New York Times. Koko enjoyed her fifteen minutes of fame and vanity because a psychologist taught her sign language. She learned over a thousand words across four decades. The forced conclusion drawn from this was that the capacity to acquire such an extensive vocabulary blurred the line between humans and non-human primates. Yet, what Koko never did was ask a question. Humans, as Baron-Cohen puts it, look at the world, ask questions, and systematize what they see. What the New York Times, the psychologist in question—Francine Patterson—and the rest of the academic chorus were attempting to do was confirm the premise that everything is a matter of learning and, therefore, as predictable as a Mercedes-Benz engine.

Turning to the headlines, we find two recent paradigmatic cases illustrating the moral and intellectual decay and rot of our universities—and of society at large. These are merely the latest examples, yet both are directly linked to a view of the human being as a system designed for predictable outcomes, where environmental manipulation ensures the desired and intended behavior. Such predictable results obliterate human agency and freedom, ultimately denying our very own humanity.

Consider the case of nurse Lindsay Clancy: on January 24, 2023—while her husband was running errands she had asked him to do—she strangled her three children one by one with resistance bands in the basement. She then kind of attempted suicide by slashing her wrists, throat and jumping from a second-story window. The trial, like many in America, has turned into a circus orchestrated by feminists who have transformed the case into a diatribe about patriarchal oppression and hormonal turmoil—a spectacle in which, among other things, over $1,000,000 has been donated to the killer, who has confessed to her crime. The defense’s strategy relies on claims of postpartum depression and the nullification of free will, aiming to absolve the killer of all legal and moral responsibility. Once again—as with Koko—we reduce the human being to predictable mechanisms, like the engine of that Mercedes.

Another recent case, equally tragic and intellectually contemptible, involves the con artist, fraudster, swindler, cheat, and rogue (to borrow a term from the Spanish picaresque tradition) Jason Arday. He was a sociology “professor” at Cambridge—a position he secured despite his inexperience and limited academic track record, solely due to the color of his skin and fake academic achievements. His academic career was riddled with plagiarism; his doctoral thesis contained over 100 passages copied from texts published six years earlier. Despite this, the corrupt Liverpool John Moores University—which had awarded him the doctorate—dismissed these passages as “honest and reasonable errors.” There is absolutely no evidence to support the athletic feats he boasted about, such as running 30 marathons in 30 days or covering 600 miles (965 kilometers) in six days. The same applies to his stories of racist abuse within academia, including claims of knife attacks and even a pig’s head being sent to his home—incidents the police never confirmed. A charade! Ultimately, unable to face the reality of his own story, he took his own life, leaving behind a widow and two children. In the end, the greatest tragedy lies with those two children and his widow. The official memorial fund for Professor Jason Arday raised over $300,000 before being permanently closed. As is always the case in such instances, this is yet another example of structural racism and the oppression exercised by “white” power. Human agency is denied, and everything is explained away by circumstances.

However, this empathy is reserved for specific categories; the premise does not apply to everyone equally. Take, for instance, the case of John Battaglia, who murdered his two daughters during an episode that forensic psychologists described as psychosis stemming from severe bipolar disorder. The jury deliberated for just 19 minutes, and he was executed in 2018. His crime? Being a white male. The concept of a lack of agency does not apply to the male sex or to white people in general.

The abandonment of a worldview where the human being is the master of his own destiny—through his capacity for moral choice, and transcendent sense of life has been a long time in the making. The “man of the future” envisioned by Julián Marías, the hopeful, transcendent man has been erased. We shall focus here on the last hundred years of this deconstruction of western civilization.

The Frankfurt School—officially the Institute for Social Research—was founded in 1923. In 1934, it relocated to Columbia University. The intellectual decline of American universities has been a long yet inexorable process. Over the ensuing decades, members of this school—most notably Marcuse, Horkheimer, Adorno, and Benjamin—formulated arguments intended to dismantle the Western civilization that had given rise to them; these arguments were not only false but also betrayed a deliberate ignorance of that civilization’s fundamental principles. Their writings sought to dismantle the civilization’s infrastructure, including reason, the family, tradition, and authority.
They called it “Critical Theory”: they built nothing, yet they criticized everything. Horkheimer and Adorno argued that Western reason—the very reason that explained the mechanical and material aspects of the universe—contained the seeds of Auschwitz. They did not merely claim that reason had been misused; rather, they asserted that reason itself leads to concentration camps. Horkheimer held Christians and the concept of transcendence in contempt; lacking a basic understanding of the world, he believed that the freedom found in sacrifice and self-denial ran counter to nature—to the material mechanics of the world.
Adorno (in The Authoritarian Personality, 1950) coined the term “authoritarian personality,” classifying religious faith, patriotism, conservatism, and the traditional family not as political or philosophical stances, but as symptoms of a proto-fascist personality. In this context, politics becomes therapy, and disagreement is treated as a pathology. Marcuse wrote the essay “Repressive Tolerance” (published in 1965, reviewed here elsewhere), arguing that tolerating erroneous ideas constitutes oppression in itself. True tolerance, he claimed, consists of suppressing intolerant ideas—but who is the judge that determines what constitutes an intolerant idea? The Left decides which ideas are fit for social consumption. Since then, in any political discussion, the Left has branded any idea alternative to its own positions as morally abject. Divergent policies are no longer viewed as alternatives within the framework of democratic discourse; instead, they are deemed morally reprehensible ideas unworthy of dialogue—and must therefore be silenced. Consequently, political debate over the last sixty years has devolved into a contest of infantile morality. The purely materialist perspective of the Frankfurt School employs concepts of social good and evil yet fails to articulate the concepts of good and evil themselves—notions that are inherently moral, and thus individual and transcendent.
The students who imbibed these ideas went on to become professors at Columbia, Yale, Berkeley, and Harvard; they became career officials at the State Department and joined the media, all the while propagating anti-Western ideas from the comfortable positions afforded to them by the very ideologies they claim to “combat.”
The French had their own distinct brand, a mix of baguettes and the likes of Derrida, Deleuze, and Foucault. For them, the political agenda morphed into a cultural sensibility—something impossible to debate, given that sensibility is merely… a breeze in the air. Knowledge became stigmatized, for knowledge is power. As a telling instance of this intellectual and moral degeneration, some of these intellectuals signed petitions in France—alongside figures such as Jean-Paul Sartre and Simone de Beauvoir—calling for the reform of age-of-consent laws and the decriminalization of non-violent sexual relations between adults and minors. Grounding their arguments in their theory of the critique of power, they opposed the medicalization of the body and state control over it.
This demonstrates that, as a society, we have the memory of a goldfish, and that the issues currently being brought into the public square are nothing new.
Western civilization—a civilization that is Christian (not Jewish, Islamic, Hindu, or Buddhist)—rests on premises that are fundamental yet unique to it: truth is objective and accessible to reason; good and evil can be distinguished; and human beings are capable of moral action through the exercise of free will in choosing between the two. Each life is precious and irreplaceable because God placed each person in the world for a specific purpose.
And this shared vision of our civilization has produced beauty in the form of cathedrals—such as Amiens or the Monastery of Iranzu—which stand as geometries of stone and hope; sculptures like Michelangelo’s Pietà, which breaks the heart; paintings by Rembrandt, such as The Return of the Prodigal Son, with its poetic truth; and the poems of Verlaine and dramas of Shakespeare, which delve into the ephemeral, unique, and fleeting nature of the human condition.

And so, we have arrived at a world where mothers who murder their children are not held culpable because a couple of hormones supposedly strip us of our freedom; where liars bear no responsibility for their falsehoods because—despite reaping all the rewards of meritocracy—the world is viewed as a system rigged against minorities. Yet, amidst this moral and intellectual morass and decay, there is cause for hope, and I found that spark within my own family. In the throes of the greatest tragedy a parent can endure, one of my paternal aunts taught me a lesson about life—and even about faith. While grappling with the most profound agony, and without ever having read Saint Thomas, Saint Augustine, the School of Salamanca, the Frankfurt School, or Kierkegaard, she told me: “This is the test of faith God has sent us; He has given us everything, and now He is testing us.” There is no greater insight into life, nor a better summary of our Western civilization, than that simple phrase. Umbral put it this way: “I found only one truth in life, my son, and it was you.” Truth does not lie in words; it is an intuition by the soul.
For Ángel!

References

The meaning of your life by Arthur C Brooks 2026

Teoría tradicional y teoría crítica by Max Horkheimer 1937.

The Pattern Seekers: How Autism Drives Human Invention by Simon Baron-Cohen 2020

Rinconete y Cortadillo by Miguel de Cervantes 1613

La repetición by Soren Kierkegaard 1843

Antropología metafísica by Julián Marías 1970

https://www.cnn.com/2026/09/02/us/live-news/lindsay-clancy-trial
https://www.euronews.com/culture/2026/08/10/the-jason-arday-controversy-explaining-the-university-of-cambridge-scandal-rocking-british

Eclipse

Amidst scorched grass and a sun dimmed by the high-tech eyewear that turns the eye into a shielded prize, we arrive at the Feast of the Virgin of August. Every month of the Catholic calendar has its Marian celebration, but the Virgin of August is the one that matters. In Catholic scholasticism, Mary is the first believer—the first follower of unwavering faith who gave her life without question, humbly and totally, yet never foolishly!
Like so many other places in Spain, my village celebrates its festival in honor of the Virgin of August, and there is no moment more majestic than the dance on Saturday afternoon. Women take on the air of sirens and nymphs, wearing their finest scents. We, the crowd, lose our geometric order that day, brushing against the sweaters draped over shoulders as we make our way to the dance. Zuritos, vermouths, and juices circulate through the town square with the speed of a collective thirst. The shooting gallery stands ready—its off-kilter rifles turning the prize into a predestined lottery—while the churros taste exquisite; across our faces plays a sense of time that stands still, uniting us all in this dance. The orchestra wanders between songs for dancing apart and those for dancing in a close embrace. It is an eternal August day of sunshine, and the hour feels ancient yet enigmatic. Suddenly, a song plays whose lyrics I know by heart—how young I feel!
“Yo soy el Rey”—the song Vicente Fernández stamped onto every male cohort produced in Spain since the 70s—remains unrivaled. This century has squandered our species’ fundamental discovery: love. This world is a sum of nothingness in clicks, photos, and noise—yet this song seals our defeat in rough verses; and still feels like a refuge, as men in our caves of Altamira. Defeat does not arrive on a white horse or through the Tsar’s courier; it comes in small moments, cloaked in the respectable banality of a weekday. How good it is to bring defeat to the dance. Professor, we bring the subtraction, and then we go to hell. More rancheras follow—songs whose lyrics I know by heart. I ask if this band will be playing later that night, and a modern, empathetic young woman tells me that this is the “old folks’ band,” and that there’s a good modern one for the evening.
I—something of a medievalist who believes in poetry, wandering, and the circumstantial as absolute values—head home whispering my kingdom of municipal footsteps. My life no longer holds even the moral dilemma of a Vespa and the distant forest…

Estamos de eclipse… de sol

Con la hierba requemada, y el sol apagado en un momento de gafas tecnológicas que hacen del ojo un botín protegido, llegamos a la Virgen de Agosto. Cada mes del año católico tiene su celebración Mariana, pero la Virgen de Agosto es la importante. En la escolástica Católica María es el primer creyente, el primer seguidor de fe inquebrantable que dio su vida sin preguntar, de una manera humilde y total, ¡pero no tonta!

Como en muchos otros de España, mi pueblo celebra sus fiestas por la Virgen de agosto, y no hay momento mas augusto que el baile a media tarde del sábado. Las mujeres se sirenizan y ninfean con su mejor aroma. Las masas perdemos nuestra geometría ese día y rozamos los jerséis que cuelgan del hombro camino al baile.  Los zuritos, vermuts y zumos se mueven con una velocidad de sed conjuntada en la plaza. El tirapichón está en su sitio, sus carabinas desafinadas hacen del premio una lotería predestinada, los churros están exquisitos y por nuestras caras corre un tiempo que se detiene y aúna en este baile. La orquesta vagabundea entre bailes desperdigaos y otros agarraos. Es un día de agosto eterno de sol y la hora se palpa vieja pero enigmática. ¡De pronto suena una canción de la que me sé letra, qué joven soy!

Yo soy el Rey, que Vicente Fernández herró en cada caterva de machos producida en España desde los años 70, sigue siendo inigualable. Este siglo ha malversado el descubrimiento fundamental de nuestra especie, el amor. Este mundo es una suma de nadas en clics, fotos y ruido, pero esta canción rubrica la derrota en versos bruscos, es nuestro refugio de hombres en Altamira, porque la derrota no viene en un caballo blanco ni en el correo del Zar, llega en momentos pequeños, cubierta de cotidianeidad bien pensante un día entresemana. La resta señor profesor, traemos la resta y después… nos vamos a la mierda.  

Siguen más rancheras, cuyas letras me sé de pe a pa. Pregunto si esta orquesta tocará por la noche, y una chica moderna y empática me dice que esta orquesta es la de los viejos, que por la noche hay una moderna.

Yo, que soy algo medievalista y creo en la poesía, lo errabundo y circunstancial como valores absolutos, me voy camino de casa murmurando mi reinado de pasos municipales. Mi vida ya no tiene ni el dilema moral de la vespa con bosque alejado…

Soccer World Cup

This World Cup—a sport requiring only two things: a ball and friends—has been quite interesting.

FIFA—that organization representing a blend of public-private corruption typical of a Europe in decline—has departed very satisfied, carrying off a fortune to fund future acts of corruption.

A vast number of teams were invited to the tournament—forty-eight in total—generating countless hours of television coverage, advertising, and revenue; yet, the majority of these teams played third-tier unwatchable soccer. Nevertheless, fans from civilized nations had the opportunity to show the world the true nature of Western civilization—take, for instance, the Norwegians rowing to the quarter finals, the Scots finishing all beer inventory in Boston, and the millions of Spaniards who celebrated the championship victory without burning a single trash bin.

We witnessed some curious sights: Egypt, a country that discriminates against Christians and selects no Coptic players (that is, indigenous Egyptian Christians) for its squad, all without a word of protest from anyone—FIFA included. There it is … Saudi Arabia, which forbids the construction of even a single Christian church on its soil and bars non-Muslims from entering the city of Mecca, deeming anyone who is not a Muslim to be impure. Then there is South Africa—a nation excluded from these tournaments during my childhood due to apartheid—now enjoying its place in the sun, despite the fact that white people face discrimination there and thousands have been murdered. Yet, this inconvenient reality troubles a “global” sport that fails to treat everyone as truly “equal.”

Civilized Europeans—a shrinking demographic, given the rapid pace of their population replacement—have discovered that they live under a drab “Pravda” ( propaganda in the end) masquerading as free press. They have met a magnificent country in the USA where, unlike in Europe, the guiding principle is abundance. This concept of abundance is not merely material; it is a confidence in a better future—a belief that human beings are capable of deeper thought, greater action, superior innovation, and, at times, genuine goodness. The spiritual abundance of the United States lies in this primal faith in humanity: the understanding that while people are imperfect, they are capable of goodness. From this emerges a society that Europeans discover to be welcoming, with excellent customer service and food portions that are not merely generous but superlative; a place with the ingenuity to sell fuel at giant service stations alongside “Texas brisket” that melts in your mouth. They have discovered air conditioning—something found in Europe only on Von der Leyen’s seventh-floor office in Brussels. They have marveled at the fact that if your booked a rental car which is not available but they have a vehicle two sizes larger , that is the one you get. They have discovered that there are enclosed, air-conditioned stadiums seating 80,000 people where you can watch a match as comfortably as in your own living room, ordering beer, Cabernet Sauvignon, or a hot dog. They have found that all of this was already here—fully established—and that not a single new brick was laid for this World Cup. They have seen a country that welcomes you with open arms if you are civilized and straightforward. They have discovered that Americans are not illiterates , and that without ever leaving the USA, you can find snow, glaciers, forests, deserts, wetlands, and a Caribbean atmosphere in Key Largo. You have lobster, deer, wild boar, pork, sea bass, and chops that are simply out of this world. They have discovered that you can also get sashimi, Peking duck, pasta, Spanish potato omelet, and even haggis. All these people have realized just how good life in Europe will be once they regain their freedom.

We have witnessed a FIFA that gambled on creating a myth that didn’t exist: Messi—at best a tremendous player, a terrible sportsman and a despicable leader.

Breaking with a tradition of individualistic and quixotic tendencies—where we usually take center stage in history only to meet our doom—Spain has demonstrated composure and a hunger for victory. A team of hard-working players, prioritizing system and discipline over individual star power. When you look back at the stories of these lads, you see a mix: some were precocious academy talents who made great sacrifices during that pivotal transition between childhood and adolescence, while others achieved success later in life—grinders who toiled in minor leagues and lower-tier clubs, climbing the ladder one rung at a time. They embody the kind of heroes Joseph Campbell described—figures who leave home to venture into the unknown, knowing that only then will they find their place in the sun. Now, having won that primal battle every man faces in life, they have returned. There is the one who headed to La Masía or Valencia’s training complex six days a week; the one who traveled from Extremadura to join Rayo’s youth ranks with his grandfather at the wheel. There is the player deemed not good enough by his club who started over from scratch, and the one who moved to a second-division side before heading to another country to play for struggling teams.

For Spain, this World Cup has been a story of arrivals—from that “nobody” of a coach who climbed every rung of the ladder through hard work and patience, to those veterans who reached the summit at the age of thirty. Along with them, the fans back home sang Nino Bravo’s “Un beso y una flor”—that song that sends us off to battle, whether we return in glory or not. That image offers a glimpse of truth from which we might learn. Guided by Coleridge, we suspend our disbelief and take refuge in a moment of poetic faith; and with Verlaine, we whisper: “How blue is this sky, how vast the hope!”

Esperanza

Darwin resumió el mundo en una historia de monos camino a la depilación. Pero más recientemente, Kierkegaard habla del conocimiento como recuerdo, tiempo pasado y de la repetición como una mirada hacia el futuro, hacer que lo que ya ha sido sea de nuevo en un presente que nunca es igual.

Hablando de monos, recordaremos a Koko, un gorila del zoo de San Francisco, que murió en 2018 por causas naturales y recibió un obituario en el NY Times. Koko tuvo sus 15 minutos de gloria warholiana irrelevante porque una psicóloga le enseñó el lenguaje de signos. Aprendió más de 1,000 palabras durante 4 décadas. La forzada conclusión era que la capacidad de aprender un vocabulario tan extenso borraba la línea entre los seres humanos y primates no humanos. Lo que Koko jamás hizo es preguntar nada. El hombre, como dice Baron-Cohen, mira al mundo pregunta y sistematiza. Lo que el NY Times, la psicóloga de marras, Francine Patterson, y el resto de coros universitarios trataban de hacer es confirmar la premisa de que todo es aprendizaje y por tanto predecible como el motor de un Mercedes-Benz.

Siguiendo las noticias de las portadas tenemos dos casos paradigmáticos de la decadencia y podredumbre moral e intelectual de nuestra universidad, y sociedad en general. Estos son simplemente los dos últimos. Pero ambos están directamente relacionados con la visión del ser humano como una máquina de resultados esperables en la que el manejo del ambiente asegura el comportamiento esperado y querido. Estos resultados predecibles, arrasan la agencia del ser humano, su libertad y al final niegan su humanidad.

El caso de le enfermera Lindsay Clancy que el 24 de enero de 2023, y mientras su esposo estaba haciendo recados que ella le había pedido, estranguló a sus tres hijos uno por uno con bandas elásticas en el sótano. Luego intentó suicidarse cortándose las muñecas y el cuello y saltando desde una ventana del segundo piso. El juicio, como muchos en América, se ha convertido en un circo de feministas que han convertido el caso en una diatriba de opresión patriarcal y marasmo hormonal en el que entre otras cosas se han donado más de 1,000,000 $ a la asesina, que ha confesado su crimen. La línea de la defensa es la depresión post-parto y la anulación de la voluntad libre para exonerar de cualquier responsabilidad jurídica y moral la asesina. Otra vez, como con Koko, reducimos el hombre a mecanismos predecibles como el motor de ese Mercedes.

Otro caso reciente igualmente trágico e intelectualmente deleznable es del timador, defraudador, embaucador, tramposo y tunante (por usar una terminología de la picaresca española) Jason Arday. Arday era un “profesor” de sociología en Cambridge, puesto que consiguió a pesar de su inexperiencia y limitada carrera académica por el color de su piel. Además, su carrera académica era una sarta de plagios de otros autores. Su doctorado tenía más de 100 pasajes copiados de otros textos publicados 6 años antes. A pesar de ello, la corrupta universidad John Moores de Liverpool que le otorgó el Doctorado dijo que esos pasajes eran “errores honestos y razonables”. De las hazañas deportivas de las que presumía, como los 30 maratones en 30 días, o las 600 millas (965 kilómetros) en seis días, no hay pruebas en ningún sitio. Lo mismo ocurre con las historias de abusos racistas sufridos en el ámbito académico, junto con la denuncia de ataques con cuchillo y hasta el envío a su casa de una cabeza de cerdo que la policía nunca confirmó. ¡Farsa! Al final, incapaz de asumir su propia historia se suicidó y deja viuda y dos hijos. Al final la mayor tragedia son esos dos hijos y su viuda. La recaudación total del fondo oficial en memoria del profesor Jason Arday alcanzó más de 300,000 $ antes de ser cerrada de forma definitiva. Como siempre en estos casos, es un ejemplo más de racismo estructural y opresión del poder “blanco”. No hay agencia en el ser humano y todo es explicable por las circunstancias.

Sin embargo, esta empatía esta solo reservada para categorías específicas, la premisa no se aplica a todo el mundo por igual. Por poner un ejemplo, John Battaglia asesinó a sus dos hijas en un momento que los psicólogos forenses calificaron de psicosis derivad de un trastorno bipolar severo. El jurado deliberó durante 19 minutos y fue ejecutado en 2018. ¿Su culpa? Ser hombre y blanco. La falta de agencia no se aplica al sexo masculino ni a los blancos en general.

El abandono de una visión del mundo en el que el hombre está al mando de su propio destino a través de su capacidad de elección moral, del sentido trascendente de la vida, de ese hombre futurizo de Julián Marías, de ese hombre con esperanza viene de lejos. Pero nos vamos a centrar en los últimos 100 anos.

La escuela de Frankfurt se funda en 1923, oficialmente el Instituto de Investigación Social. En 1934 se mudan a la Universidad de Columbia. La decadencia intelectual de las universidades americanas ha sido un proceso largo pero inexorable. Los miembros de esa escuela, Marcuse, Horkheimer, Adorno, Benjamin entre sus más afamados miembros, produjeron durante las siguientes décadas los argumentos para demoler la civilización occidental que los vio nacer con argumentos no solo falsos, sino que denotaban también su ignorancia deliberada de los principios básicos de esa civilización. Sus escritos quisieron desmantelar la infraestructura de esa civilización, entre ellos la razón, la familia, la tradición y la autoridad.

Lo llamaron la teoría crítica, no construyeron nada, pero criticaron todo. Horkheimer y Adorno argumentaron que la razón occidental, la que explicaba los aspectos mecánicos y materiales del universo contenía el germen de Auschwitz. No dijeron que la razón había sido utilizada erróneamente, pero que la razón en sí misma conduce a los campos de concentración. Horkheimer despreciaba al hombre cristiano y su trascendencia porque en su falta de entendimiento básico del mundo pensaba que la libertad del sacrificio y autonegación es un oposición a la naturaleza, a la mecánica material del mundo.    

Adorno (La personalidad autoritaria de 1950), acuña el término de personalidad autoritaria y clasifica la fe religiosa, el patriotismo, el conservadurismo y la familia tradicional no como posiciones políticas o filosóficas sino como síntomas de una personalidad proto-fascista. En esa circunstancia la política se convierte en terapia y el desacuerdo es una patología. Marcuse escribe el ensayo “Tolerancia represiva” publicado en 1965, en el que esgrime que tolerar ideas erróneas es una opresión en sí misma. La tolerancia verdadera consiste en suprimir ideas intolerantes, pero ¿quién es el juez que dictamina que es una idea intolerante? La izquierda decide que ideas son aptas para el consumo social. Desde entonces en toda discusión política, la izquierda califica como moralmente abyecta toda idea alternativa a sus posiciones. Políticas diferentes ya no son alternativas en el marco de la discusión democrática, sino que son ideas moralmente desdeñables y que no merecen diálogo y por tanto deben ser silenciadas. Es por ello que el debate político de estos últimos 60 años se ha convertido en un debate de moralidad infantiloide. La visión puramente materialista de la escuela de Frankfurt utiliza los conceptos de bien y mal social, pero es incapaz de articular el concepto de bien o mal, que son conceptos morales y por tanto individuales y trascendentes.

Todos estos estudiantes que mamaron estas ideas se convirtieron en profesores en Columbia, Yale, Berkeley, Harvard; se hicieron funcionarios de carrera en el departamento de Estado; se incorporaron a los medios de comunicación y han estado promulgando ideas antioccidentales desde sus cómodas posiciones otorgadas por las mismas ideas que “combaten”.        

Los franceses tuvieron su especificidad francesa hecha de baguette y Derrida, Deleuze o Foucault. En ellos el programa político se convierte en una sensibilidad cultural, y eso es imposible de discutir pues la sensibilidad es… una brisa en el aire.  El conocimiento se estigmatiza puesto que el conocimiento es poder. Como detalle de la degeneración intelectual y moral, algunos de estos intelectuales firmaron peticiones en Francia (junto a otros intelectuales como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir) para reformar las leyes sobre la edad de consentimiento y despenalizar las relaciones sexuales no violentas entre adultos y menores de edad. Argumentaban en contra de la medicalización y el control estatal sobre los cuerpos, desde su teoría de la crítica del poder.

Esto demuestra que, como sociedad, tenemos la memoria de un pez y que estos temas que se traen a la plaza de discusión pública no son nuevos.

La civilización occidental, que es una civilización cristiana (no judía, no islámica, no hindú, no budista), se basa en premisas muy básicas, pero solo presentes en ella. La verdad es objetiva y accesible a la razón; el bien y el mal son distinguibles, el hombre es capaz de ejercicio moral con su libertad de elección entre ambos; cada vida es preciosas e insustituible porque Dios puso a cada uno en el mundo con un motivo concreto.  

Y esa visión común de esta civilización ha producido belleza en forma de catedrales como la de Amiens o el Monasterio de Iranzu que son geometrías de piedra y esperanza. Esculturas como la Piedad de Miguel Ángel que rompe el corazón. Cuadros de Rembrandt y su verdad poética en El retorno del hijo pródigo. Poemas de Verlaine y Dramas de Shakespeare que ahondan en la verdad efímera, única y transeúnte del hombre.  

Y así hemos llegado a este mundo en que las madres que asesinan a sus hijos no son culpables porque un par de hormonas nos quitan la libertad, en que los mentirosos no son responsables de sus mentiras porque, a pesar de recibir todos los parabienes de la meritocracia, el mundo es una manufactura contra las minorías. Pero en este marasmo y podredumbre moral e intelectual, hay motivo de esperanza y esta chispa me ha venido de mi familia. En medio de la mayor tragedia que un padre o una madre puede vivir, una de mis tías paternas me dio una lección de vida y hasta de fe. Palpitando el dolor más supremo, y a pesar de no haber leído a Santo Tomas, San Agustín, la escuela de Salamanca, la de Frankfurt o Kierkegaard me dijo, esta es la prueba de fe que nos ha mandado Dios, nos ha dado todo y ahora nos prueba. No hay mayor clarividencia de vida ni mejor resumen de nuestra civilización occidental que esta sencilla frase. Umbral lo decía así: “Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú.” La verdad no está en la palabra, es una certidumbre intuida en el alma.

Para Ángel!

Referencias

The meaning of your life by Arthur C Brooks 2026

Teoría tradicional y teoría crítica by Max Horkheimer 1937.

The Pattern Seekers: How Autism Drives Human Invention by Simon Baron-Cohen 2020

Rinconete y Cortadillo by Miguel de Cervantes 1613

La repetición by Soren Kierkegaard 1843

Antropología metafísica by Julián Marías 1970

https://www.cnn.com/2026/09/02/us/live-news/lindsay-clancy-trial
https://www.euronews.com/culture/2026/08/10/the-jason-arday-controversy-explaining-the-university-of-cambridge-scandal-rocking-british

El mundial

Este mundial de futbol, ese deporte en el que hacen falta dos cosas, una pelota y amigos, ha sido muy interesante.

La FIFA, esa organización mezcla de corrupción público-privada, típica de una Europa en decadencia, se ha ido muy contenta y con una espuerta de dinero para pagar futuras corrupciones.

La cantidad de equipos invitados al torneo fue numerosa, cuarenta y ocho, lo que produjo muchas horas de televisión, anuncios y dinero, pero la mayoría de esos equipos jugaron un futbol de tercera división, infumable. Sin embargo, aficiones de países civilizados tuvieron ocasión de demostrar al mundo lo que es la civilización occidental, véase los noruegos, escoceses, y los millones de españoles que celebraron el campeonato sin quemar un contendor de basura.

Se han visto imágenes curiosas, ahí está Egipto que discrimina a los cristianos y no convoca a ningún jugador copto (es decir egipcio original, cristiano) sin que nadie (FIFA incluida) diga nada. Ahí estaba Arabia Saudí, que no permite la construcción de una sola iglesia cristiana en su territorio y no deja llegar a la ciudad de La Meca a nadie que no sea musulmán pues todo no musulmán es impuro. Ahí está Sudáfrica, que en mi infancia no era invitada a estos torneos por el apartheid, disfrutando ahora de un lugar bajo el sol a pesar que los blancos son discriminados en ese país y miles de ellos asesinados. Pero eso molesta a este deporte “mundial” que no hace a todos “iguales”.

Los europeos civilizados, una proporción cada vez menor de ellos pues su proceso de reemplazamiento va rápido, han descubierto que viven bajo un pravda gris que llaman prensa.  Han descubierto en USA un país magnífico en el que, al contrario de Europa, la premisa vital es la abundancia. Ese concepto de abundancia no es material sino la confianza en un futuro mejor en que el ser humano es capaz de pensar más, de hacer más, de inventar mejor y a veces de ser bueno. La abundancia espiritual de Estado Unidos es la confianza en el ser humano, sabiendo que no es perfecto, pero capaz de lo bueno.  Y de ello surge una sociedad que los europeos descubren como amable, con servicio al cliente, con raciones de comida no solo generosas sino superlativas, con imaginación para vender combustible en estaciones de servicio gigantes con un “texan brisket” que se derrite en la boca. Han descubierto el aire acondicionado, en Europa solo está en el piso séptimo de Von der Leyen en Bruselas. Se han maravillado de que, si el coche reservado no está disponible y tienen uno dos tallas mayores, ese es el que te dan. Han descubierto que puede haber estadios de 80,000 personas cerrados y con aire acondicionado en el que ves un partido como en el cuarto de estar de tu casa, mientras pides cerveza, Cabernet-Sauvignon o un perro caliente. Han descubierto que todo esto estaba aquí, ya hecho, que no han puesto un ladrillo nuevo para este mundial. Han descubierto que en este país te abren los brazos si eres civilizado y vas de frente. Han descubierto que los americanos no son paletos, y que sin salir de Usa tienes nieves, glaciares, bosques, desiertos, zonas pantanosas, y caribe en Cayo Largo. Tienes, langosta, corzo, jabalí, cerdo, lubina y unas chuletas que se van del mundo. Han descubierto que ademas tienes sashimi, pecking duck, pasta, tortilla de patata y hasta Haggis. Toda esta gente se ha dado cuento de lo bien que se vivirá en Europa cuando recobren la libertad.   

Se ha visto un FIFA que apostaba por crear un mito inexistente, Messi, a lo sumo un grandísimo jugador, pésimo deportista y líder deleznable.

Rompiendo una tradición de tendencia individualista y quijotesca, en la que solo protagonizamos la historia para morir, España ha demostrado serenidad y hambre ganadora. Un equipo de currantes del balón, con sistema y disciplina por encima de nombres específicos. Cuando uno repasa la historia de esos chavales es una mezcla de canteranos precoces que han sacrificado mucho a esa edad de transición entra la infancia y la adolescencia que marca mucho junto a otros que han alcanzado el éxito ya mayores tras trabajar de picapedreros en muchas ligas y equipos menores subiendo un peldaño cada vez. Son un equipo de esos con héroes que describe Joseph Campbell, ese héroe que deja su casa y en busca de lo desconocido porque sabe que solo así encontrara su lugar bajo el sol, y es ahora tras haber ganado esa batalla primigenia que todo hombre pelea en la vida, que han vuelto. El que se fue a La Masía, a la ciudad deportiva del Valencia 6 días a la semana, el que se iba de Extremadura a las inferiores del Rayo con su abuelo al volante. El que se va de su club porque no lo consideran bueno y empieza de nuevo; el que se va a un equipo de segunda y luego a otro país con equipos de cola.    

Para España este mundial ha sido el de las llegadas, desde ese entrenador don nadie que ha subido cada peldaño con trabajo y tiempo, hasta esos viejos que han llegado a la cumbre a los 30. Con ellos la afición, de vuelta casa, ha cantado “Un beso y una flor” de Nino Bravo. Esa canción que nos manda en pos de la batalla para volver con la gloria o no. Esa imagen es un destello de verdad del que podríamos aprender.  Con Coleridge de la mano, suspendemos la incredulidad y nos encastillamos en un momento de fe poética. Y con Verlaine susurramos ¡Que azul es este cielo que grande la esperanza!

Vuelta al colegio…

Aquí estamos reunidos 40 años después con nuestros colegas del Bachiller.

Lo bueno de estas reuniones tardías es que estamos en esa fase de la vida en la que el ruido de la circunstancia es una sordina molesta y, como Zweig en sus biografías, ahora vamos al grano sin tonterías. Estamos en la edad donde la biografía está casi terminada pero todavía hay vida, lo que Torralba define como madurez, ese contubernio de los opuestos donde uno ya no es miedoso ni confiado.

Es una delicia ver a todos igual, las momentáneas redondeces faciales y recordados atributos capilares es lo de menos. Don Juan Vera (“el Vera”), que nos agasajó con su presencia, nos explicaba Kant y decía que los juicios analíticos eran aquellos en los que el predicado estaba incluido en el sujeto, no dependían de la experiencia y por ello eran necesarios y universales. ¡Y tenían razón, Don Juan y Kant!

La experiencia solo nos ha quitados los accidentes, esa cosa aristotélica que es el rojo del Ferrari por comprar. Los adjetivos cubrían lo que éramos y somos en esa continuidad que llamamos vida. Somos los mismos, pero el recuerdo redacta la vida y por algún motivo llegamos a esta reunión con una sonrisa de oreja a oreja, encantados de vernos y seguir llamándonos por el apellido, costumbre benemérita del colegio. Hablamos de la familia, del recuerdo, de lo reciente y de lo antiguo. El colegio no fue fácil para nadie, pero también es cierto que, pese a sus imperfecciones, y a veces debido a ellas, hemos sobrevivido decentemente tanto los halagos como los reveses de la vida hasta este punto. Valle Inclán decía que “la obra nace del decorado” y quizá volver al colegio es reverdecer ese decorado que nos hizo en una de las etapas vitales más importantes y trágicas. La que te lleva desde las fábulas escuchadas en la niñez hasta el momento en que te explican la vida como una lírica que te toca escribir en primera persona.  

A seguir rimando!

The heroes’ adventure

Heidegger says that man is a being of distance (Wesen der Ferne) always reaching beyond . Life is moving away from the origin, following that singular trajectory toward the future. Salinas reminds us of “this mortal, rose corporeality / where love invents its infinite.” Love as a rebellion —a yearning, headlong flight.

And there you are, Alejandro—defender of men, protector. Already fleeing that infinite love, which is found only within the secret, hidden currents of life. Discovering the world, and in the very act of doing so, reinventing it for us. You go about constructing the simple edifice of life—a structure you will shatter and piece back together, time and again. Life is a ceaseless work of masonry. The Japanese call it “Kintsugi”—that act of “repairing with gold.” The mending highlights the cracks, transforming the broken piece into something beautiful, valuable, and strong. Life is falling and rising up again. And here we are, rocking you gently as life interrupts you and poses its questions.

Your mother and I believe we hold the answers—yet they are  “our” answers; alas, they are not yours. And so, we search among the dead—among their stones, their stories, their milestones, and their sorrows. We tell you that you descend from farmers and woodsmen—from people bound closely to the earth. An earth stretching from the Iberian peninsula where Magellan was born to the Central Visayas where he met his end. How vast is the world of your ancestors and their forebears!

But you also descend from the tragedy begotten by Adam—from Cain and Abel; from the world as expounded by Aristotle, Saint Augustine, and Saint Thomas; and from the strivings of El Cid, Hernán Cortés, Jefferson, Lapu-Lapu, and Rizal. Already, the mosses and grasses are casting a veil of silence over the multitude from which you sprang. Yet this gardener’s impulse—this urge to tend the soil—remains the most immediate of all; it is the impulse that cultivates the very earth that is now occupied by everyone. For you grow without asking permission—joyful, boundless, and resolute. And already, I find myself weeping for your departure—for life is calling you away.

For you are leaving, and we are left defenseless—suspended between the void of memory and a future that does not yet exist. Because you are still living on borrowed time—unrepeatable, immersed in that novelty which is the professional name for youth. Before your flight in pursuit of that hero’s adventure—the quest to find one’s place: a singular place, your place. Before you discover that there is no metal other than the metal you already carry within you—and that life is merely a recasting, forged in inconstant fires. Nothing comes from the outside; any alloy is an arbitrary intrusion against the nature of life itself.

In this world that flows onward in a slow, inexorable vortex. A world into which you are just now stepping, while I am already seeking my own shore—a vantage point from which to observe life as a distant murmur. And here I stand, mooring myself to these whispering trees—amidst the gentle green of the beech forest—on this spring night.