Estoy leyendo “El tiempo reversible “de Francisco Umbral, artículos escogidos desde el año 1976 hasta el 2007 y esta lectura me ha llevado a revivir mi vida a través de palabras de otros. Un resumen apócrifo desde que empecé a seguir la actualidad fuera de mi pueblo en Cambio 16, La Gaceta Ilustrada, o JANO hasta cuando me fui de España, no sé si huyendo o buscando.
Poco después de mudarnos de Lezáun a Abárzuza murió Franco, recuerdo ver a Arias Navarro llorando en la televisión de blanco y negro (“Españoles, Franco ha muerto”), lo cual me impactó porque los hombres no lloran y este abuelo estaba llorando en la televisión, en fin, yo solo tenía 6 años. No sé por qué, pero tuve una sensación de que las cosas iban a cambiar. A mi corta edad no era ninguna idea política sino simplemente un atisbo cerval. Recuerdo empezar a mirar revistas con fotos de lo que ocurría en el mundo y escuchar las discusiones de mis padres en casa y fuera con mis tíos, tías y demás familia.
Y recorriendo estos artículos aparecen nombres y discusiones de un país en cambio. Aparecen Miguel Bosé, Ramoncín, Suárez, Carmen Díez de Rivera, Garrigues, Osorio, Leguineche, Calvo-Sotelo, Pérez-Llorca, Felipe, Guerra, Fraga y …
Se habla del porro, de la píldora, Emmanuelle, Nadisuka, Rumasa, Police, de una de las primeras playas nudistas en Santa Cristina de Aro, de cómo en democracia es más difícil escribir porque el “estar contra Franco” o “ser la izquierda de Franco” ya no es argumento para existir y comer, al final el que tiene moneda la cambia. A través de esos artículos se ve un país en movimiento desde el post-Franco inmediato, Naranjito, la OTAN, el AVE, Cobi, la corrupción, el todo vale, la telebasura, Miguel Ángel Blanco, o la cosa digital que empieza.
La vida diaria ocurre en revistas y periódicos, la vida monumental y legendaria ocurre en los libros. Todo ocurre en la palabra y la sintaxis, no hay nada importane fuera de ella, apenas humo, llama y ruido. Para mí, esas revistas eran como un oráculo de la que había ahí fuera, más allá de mi mundo emburbujado en una sucesión de inviernos y cosechas contentas y afables.
Mi padre recibía también varias revistas médicas, entre ellas había una llamada JANO. Su título rezaba “JANO, Medicina y Humanidades” y era la única que yo miraba de vez en cuando porque tenía artículos y fotos de cosas del mundo. Ya de pequeño empecé a leer el artículo de la contraportada de Néstor Luján. Luján era periodista además de escritor, crítico taurino y gastronómico. Su artículo en JANO era de gastronomía y a mí me gustaba no tanto por el contenido en sí sino por una sofisticación sospechada y fuera de mi alcance. Era un mundo remoto, elegante, cosmopolita e intuido. Yo estaba bien alimentado de pochas, borraja, puerros, sardinas, chuletas o gorrín en días de fiesta, mi vida gastronómica estaba bien surtida con “producto local” como dicen los pelendengues al uso de ahora. Lo que ese artículo me contaba era un mundo lejano y ajeno. Décadas después y viviendo en Barcelona, Sandra y yo recorríamos restaurantes franceses para ver quien cocinaba el mejor Foie. La vida cambia.
En cualquier caso, no cambian más que las formas. Como decía Tierno Galvan era un mundo en el que se iban perdiendo las referencias últimas. El mundo del que se huía apenas tenia unas pocas reglas, que dada la contubernia mediocridad de los intelectuales, apenas unos asomados y medio leídos, jamás se tradujo en un edificio intelectual para estructurar nuestra idea del hombre y la sociedad. A pesar de que esto pueda parecer muy teórico, un marco legal de convinvencia viene siempre de unos valores morales, valores de civilizacion y estos vienen de una vision del hombre y la vida, de una idea metafísica de lo que es el hombre ( y la mujer, que se me quejan las jais). A pesar de que parecen palabras monumentales, todos y cada uno de nosotros tiene una idea de la vida, el hombre y la supervivencia.
Y dentro de esos cambios que yo tambien experimentaba recuerdo un verano a finales de los 70 en el que ayudé a mi abuelo y dos de mis tíos a arrancar vides y poner las raíces de olivo en el remolque. El vino español era mucho y malo. Era la época de la concentracion parcelaria , de los incentivos para arrancar vides que nos dio leña de olivo un invierno. El olivo regala un fuego aromático , zéfiro y femenino. Y aqui estoy persiguiendo mi fuegos juventud, como Gide.