Por la vuelta del castillo

Mi hermano me dice que el papá ya se ha ido, que ahora solo podemos quererlo. La verdad es que tiene razón, pero no me resisto a pensar que es un momento bueno. Los estoicos dicen que no es lo que ocurre en tu vida que es relevante sino tu respuesta a aquello que te viene dado, a lo que está más allá de tu voluntad y poder de decisión. Claro que nos hubiera gustado tener más discusiones y conversaciones con el papá, hablarnos una botella más con él, pero ahora solo nos queda decirle que lo queremos, recordarle que somos sus hijos y que para que haya olvido son dos los que tienen que desertar del recuerdo, con uno solo no vale. Como casi todo en esta vida, excepto la libertad que es individual y solitaria, las cosas se hacen de a dos o incluso de a más.

Te voy a recordar el paseo por la vuelta del castillo papá.  Era una de esas mañanas luminosas de primavera, con una luz huida del invierno que promete futuro y claridad, aunque hacia un poco de fresco. Al salir de casa hemos cruzado por Azuelo, el parque estaba lleno de críos jugando en los toboganes y demás aperos que ponen ahora en los parques. Los chinos estaban abiertos y todo el mundo estaba en sus cosas. Por Urdax un antiguo representante que solía visitarte nos ha parado y te ha deseado un buen día. De ahí hemos pasado por el colegio de El huerto, como era sábado había partidos de futbito. ¿Recuerdas cómo nos llevabas los sábados por la mañana a esos campeonatos de futbito o baloncesto cuando éramos pequeños? Íbamos al Puy o “Las Nacionales” o “Las Anas”. Yo tenía dos pantalonetas, una de color rojo y otra azul, que eran lo más y solo usaba en esos partidos que eran el evento más importante de la semana. Esos sábados por la mañana dibujábamos nuestra propia leyenda, marcando goles o encestando y volvíamos a casa como quien ha luchado con un dragón, vencido o vencedor en cualquier caso héroe. Nos hemos detenido a ver uno de esos partidos, ¡han marcado 2 goles, como corrían los chavales por el patio!

De ahí nos hemos encaminado a la vuelta del castillo. Hemos paseado por el camino mas interior hasta llegar casi a Yanguas y Miranda. Topamos con un evento de esa gente que mira al pasado en vez de al futuro. Portaban banderas ilegales de un régimen supuestamente democrático que mato a tanta gente como una dictadura tras una guerra, en fin …

Luego hemos vuelto a casa con paso tranquilo, nos hubiéramos podido parar por ahí a tomar un pincho, pero tu querías volver a casa. Querías volver a ver a la mama. No te fiabas de mí, pero vamos…en un juicio de paternidad, con muestras de DNA y todo eso, ¡perderías hasta la camisa! Tras convencerte de que íbamos camino de casa, y de que estabas en buenas manos (las mías), hemos vuelto. Como siempre, al doblar la última esquina el viento nos ha dado en la cara. La mama nos estaba esperando. Hemos comentado las incidencias del paseo y te hemos convencido de que yo era buena gente. Has sonreído como los niños cuando han hecho una travesura, con una sonrisa amplia y limpia. Ha sido un día magnifico y ni siquiera es mediodía.