Acabo de ver “El club de los poetas muertos” tantas décadas después. Tengo debilidad por ese mito de colegios de alta alcurnia intelectual en el que se discute filosofía vieja y principios civilizacionales junto a poesía de la de antes. Todo entre piedras eternas embadurnadas de agua y musgo.
La película me ha dejado frío, como una ceniza tardía, inútil. La vida son urgencias a las que hay que sobrevivir si hemos de llegar a comprenderla. Tennyson nos cuenta que debemos ser “Un temperamento igual de corazones heroicos, debilitados por el tiempo y el destino, pero fuertes en voluntad, para esforzarse, buscar, encontrar y no ceder.” ¡Mentira!
No deja de irritarme esa insufrible superficialidad de la actualidad de la vida. Crecer es huir de la actualidad para poder llegar al presente. Zambullirnos en el agua que nos acoge como somos, desaparecer en ella. Agua que se mece a nuestra idiosincrasia mamífera de aire. La vida no son tuercas, eructos, lanas tejidas y …esa chamarilería de pequeñas cosas y palabras, esa superficie de actualidad y mentiras. La verdad está más allá de las palabras, más allá de las ideas. Confundimos tiempo, acción y cosas con la vida, nos quedamos en la superficie del tiempo. Entreveramos palabras para buscar el quicio de las verdades muchas que son una y están más allá de esa palabra.
Esta civilización empezó a morir con el frigorífico. Esa muerte sin memoria de tiempo. Antes aderezábamos la muerte con sal y humo, con el flujo natural de la vida en presente. La modernidad ha creado una muerte eléctrica olvidada de entropía que nos da una eternidad fría y sin bacterias. Huimos de la bacteria, de la infeccion, del esputo (pulmón deshilachado en miasma) para ser inmortales, ah y del virus! Yo huyo de los bailes de médicos, enfermeras, sanitarios y la larga retahíla de uniformados patéticos que nos curan para morir algo después… abismo de burrez y podredumbre de una civilización en ocaso. Si nos vamos a la mierda hagámoslo bien. Vengan bacanales y poemas, vino del bueno y hembras resistonas. El hombre es depredador o muere. ¡No hay hombre moderno, solo piltrafas! ¡Para sobrevivirme te forje como un arma! dice Neruda, así nos iremos, baleando poemas con verdad, en el presente, hundidos en la vida. Dejaremos atrás la convencionalidad racional, la matemática previsible de lo esperado y con esa inercia llegaremos al silencio del más allá, a lo sobrenatural y mudo, a la magia de lo único. Al milagro de la vida, al principio.
A la mierda con el frigorífico!