París bien vale una misa

Esta frase atribuida a Enrique III y IV, primer Rey de Francia de la estirpe de los Borbones que también fue a la vez Rey de Navarra, encierra una relevancia histórica más profunda de lo que aparenta. Hay circunstancias históricas en las que los pragmáticos sin ideales clarividentes son la mejor arma para ornamentar un futuro relativamente pacífico.  

Como uno es de donde pasa las Navidades, este año como casi todos, las pase en casa. Es bueno volver a los patrones usuales, aunque a veces solo sea la agonía de lo conocido. Lo común, como comunión de ideas individuales en esa hermandad que es el ser humano en grupo, ha sido denostado o simplemente tergiversado en este ultimo siglo desde que el “hombre masa” y su herramienta “la ciencia” han tomado el mando de un mundo mecánico en el que no hay que escuchar pues no hay instancias superiores y no hay que rendir cuentas a nadie. La burguesía, cuya contribución principal ha sido la continuidad del talento práctico, ha hecho de la ciencia el timón de la sociedad y nos ha dado el estado como culminación de ese sentido práctico. El estado gestor se ha convertido en una máquina formidable que se ha constituido en un poder anónimo. Le han dado una patina de moralidad ficticia acunando la poesía del “bien común”.

El increíble aumento del tamaño del estado ha ocurrido parejo con la desercions de la socieada civil de sus creencias básicas. El estado ha ocupado ese vacio de valores de la sociedad y se ha constituido en poder omnímodo, arbitro de la verdad, del bien y del mal. Todo ello ha sido posible aplastando las creencias y la individualidad. Como no hay individualidad no hay moralidad, el hombre es un mero producto de su circunstancia sin agencia. Hay una nueva verdad y una nueva moralidad que mana del estado. En medio de esta guerra “cultural” me ha tocado ir a misa 4 veces en 3 continentes y esto, que no es más que una pequeña intrahistoria Unamuniana, irrelevante, silenciosa y cotidiana, trae más respuestas de las que a primera vista se anotan.

Misa en Estella, en San Miguel. Mirando en dirección al altar, en uno de los ábsides a la derecha, hay una imagen de Virgen del Quinche de Ecuador. Esta virgen es una de las más famosas y veneradas de Ecuador. Primer síntoma de las diferencias accidentales dentro de un sistema de creencias compartidas. Pizarro y Hernán Cortes conquistaron aquellos muy civilizados incas y aztecas que ofrecían sacrificios humanos a Wiracocha o Huichilobos, o bien sedados y encerrados en cavidades de las que jamás saldrían o sus pechos abiertos con cuchillos de obsidiana. De paso, llevo a los curas que casaron a los soldados con las doñas. ¡Tanta barbarie trajisteis Francisco y Hernán!   

A la vuelta de vacaciones, en la cuesta de enero, voy a misa en USA, en un barrio adormilado y tranquilo en nueva jersey. El cura, de Boston y con ascendencia irlandesa, da una buena homilía a los feligreses que se cuentan en blancos, indios, y unos pocos latinos pues la misa en español es la siguiente y es donde el “ghetto” latino mantiene su burbuja de guitarricas y español maltratado. Tras un par de nevadas, me embarco en un viaje de trabajo a Japón. Tras horas de desorientación, jet-lag y desacomodos físicos varios, duermo unas horas y voilá … ha amanecido.  Es domingo y estoy en Tokyo. He encontrado una iglesia a 10 minutos del hotel, con misa mañanera. Camino por una cuesta hasta dar con un edificio de 2 pisos que es la parroquia de este barrio. Al llegar los ujieres me llevan a un banco con un lugar libre. La misa empieza con los rituales acostumbrados, El servicio es en ingles y la feligresía es una mezcla de locales y expatriados (blancos, filipinos, africanos). El sacerdote es indio, sus facciones y su inglés lo dicen. La misa sucede con todos sus aliños, la liturgia de la Palabra, la Liturgia Eucarística y los Ritos de Conclusión. Es como volver a casa a pesar de estar tan lejos. Doy un paseo sin rumbo y vuelvo al hotel a vegetar. Mañana es día de trabajo.    

Hoy es miércoles de ceniza y me pilla en París por trabajo de nuevo, este año estoy algo movido. Ha sido un día largo, pero he encontrado una iglesia a dos manzanas de mi hotel, tiene misa a las 7 de la tarde. Llego 10 minutos antes pero apenas hay sitio. De nuevo una misa reconfortante con las tradiciones y ritos constantes. La imposición de las cenizas se sucede con eficiencia, pero la iglesia esta hasta la bandera y la muchedumbre se mueve con un decoro ritual, silencioso y lento. La feligresía es una mezcla de locales y descendientes de africanos cristianizados por la misión francesa en África. Algo que hoy parece que solo el cardenal Sarah es capaz de recordar en voz alta.    

A lo mejor es que el jet lag de ida o de vuelta me lleva a misa, a estas edades todo es posible. Pero la constante de todo ello es la visión del mundo con la que todo hombre puede comulgar, y como la iglesia acoge a todos. El cristianismo, y concretamente, el catolicismo es una manera de ver el mundo en el que la vida humana individual tiene valor, y cada uno tiene su misión y razón de ser en este mundo, una razón única y personal. La diferencia es que el resto de religiones son un intento, encomiable pero imperfecto, del hombre de llegar a Dios. En el catolicismo es Dios el que llega a nosotros, por eso cabemos todos. Pero a la vez, se han de afirmar esos valores raíces que configuran nuestra visión del mundo y por ende nuestra sociedad. Decía Hilaire Belloc que las civilizaciones son derrotadas no por hombres malvados y poderosos sino porque hombres débiles son incapaces de defender sus valores. Y ahí estamos.    

En las cuatro misas hay una misma metafísica, una misma trayectoria vital. La contingencia futura se define en polvo el miércoles de ceniza. María Zambrano habla del natalicio, del llegar como el evento definitivo de la vida humana, el llegar y estar disponibles, aquí y ahora de alguna manera niega nuestra contingencia antes de ese llegar. El nacimiento marca nuestra finitud, como seres inacabados que tienen un camino. La creación individual y nuestra razón de ser anulan esa contingencia pasada en el ahora. El miércoles de ceniza es contingencia en el sentido más Tomista del término, nuestro futuro, la esperanza. El hombre futurible y trascendente, de Julián Marías.

No hay sociedad ni futuro sin valores compartidos, dentro de ellos es donde nuestra individualidad puede ejercer esa libertad, que solo es moral, la única libertad que existe. Cuatro misas, tres continentes, una vida!   

Referencias

The Crisis Of Civilization by Hilaire Belloc 1937

God or nothing by Cardinal Sarah 2015

Delirio y destino by Maria Zambrano 2014